miércoles, 17 de noviembre de 2010

Más que amigos


Yo me identificaba con Chemita.

Chemita era el feo del grupo de la manera que se puede ser feo en una serie de post-adolescentes, es decir, no siendo escandalosamente guapo y musculoso. Andaba detrás de Paz Vega y Elena Ballesteros de una manera un tanto aleatoria. A la que caiga. Intentaba hacerlas reír y mostraba su inteligencia y ellas se iban con el primer Javi Martín que aparecía por la pantalla.

La idea era muy sencilla pero muy resultona: hay un grupo de veinte-treintañeros más o menos en crisis pero son amigos, muy amigos, amantes en ocasiones, y se juntan en un bar de la Plaza de los Cubos para festejar su amistad y leer el periódico con Iñaki Miramón y Emilio Línder. Junta unos cuantos embarazos, crisis matrimoniales, amores no correspondidos y recuperaciones para septiembre con un verano de piscinas, bikinis y abdominales y tienes la serie ideal para el chico de 20 años que yo era en 1997.

La serie triunfó -hasta cierto punto: empezó como serie veraniega y duró hasta marzo del año siguiente- por los actores. Eran guapos, divertidos y muy buenos. Ya he mencionado a Paz Vega y Elena Ballesteros, debutando en televisión las dos, además teníamos a Alberto San Juan, Melanie Olivares, Ana Risueño -siempre estuve enamorado de Ana Risueño-, Armando del Río, Leire Berrocal y Jordi Bosch, que interpretaba al mencionado y golpeado por la vida Chemita.

Uno se hace mayor el día que se entera de que Elena Ballesteros tiene un hijo y está casada con un amigo tuyo.

Es terrible.

Casi todos han hecho carrera, más o menos exitosa, incluso con coqueteos hollywoodienses. Creo que ahí estaban en su salsa. Soy un firme defensor de los relatos generacionales aunque todas las generaciones tengan los mismos problemas. Entre "Compañeros" y "Física o química" hay una diferencia de grado pero no de modo. De lenguaje y de formas pero no de fondo. Chicas guapas y chicos atractivos. Sueños de una realidad maravillosa y perfecta que no se parece en nada a la que te rodea. "Friends", en una palabra. Toda nuestra generación vivió enamorada de Jennifer Aniston y Courtney Cox y así nos va a todos.

martes, 9 de noviembre de 2010

R.E.M.- Out of time


En 1991 también había premios de la MTV. Los echaban en Antena 3, la vieja Antena 3, y los comentaba José Ramón Pardo. Creo que con eso lo digo todo. Pardo se perdía entre raperos y hiphoperos y primeros grunges desaliñados y manifestaba su estupor porque a REM, en Estados Unidos, "se les llame algo así como Arem". Lean conmigo en inglés las iniciales del grupo y sabrán de qué demonios les estoy hablando. Pardo no fue capaz.

El caso es que aquel fue el año de REM, quienes, efectivamente, arrasaron en aquellos premios y en muchos otros con "Losing my religion". Para nosotros era su primer disco. Para los que sabían algo de música era el séptimo. Como en el colegio yo ya era un excéntrico resultaba que era el único que los escuchaba. Y además me gustaban. Por mi cumpleaños, casi con cierta sorna, me regalaron la cinta entera. Creo que ya había salido por entonces "Shiny happy people" como single. Una canción detestable, por cierto.

Recuerdo escuchar la cinta aquella una vez tras otra en un viejo transistor gris que tenía mi abuela en la cocina. Era nuestra idea de clase media-baja de lo que era un radiocassette. Me resultaba un disco triste y alegre a la vez. Pesimoptimista, que diría Albert Sans. Mi canción favorita se llamaba "Near wild heaven" y a mí me parecía que hablaba de alguien enamorado. Yo tenía 14 años y estaba enamorado hasta las trancas, el primer amor, ya saben, y tarareaba en algo parecido al inglés: "Whenever we hold each other", sin reparar en el "there´s a feeling that´s gone" ni en el "something has gone wrong" porque, sencillamente, no me interesaban.

Michael Stipe era alegre y colorido. Hasta cierto punto me recordaba a un Parker Lewis con problemas de caída de pelo. Luego se hizo más profundo y serio. Y se acostó con Courtney Love, o eso dicen. Le seguí hasta "Automatic for the people", más por "Drive" que por "Man on the moon" -nunca fui de segundos singles- y empecé a abandonarle en "Monster", justo cuando conocí a una chica completamente enamorada de la banda.

Le compré un disco de rarezas en una tienda que no era Doctor CD pero igual estaba cerca de los cines Luna.

Eso fue todo. Una vez, ya por 1996, compré una entrada para un concierto suyo en Las Ventas pero no vinieron. En su lugar tocaron The Cure, junto a Oasis, Belly y Anphetamine Discharge. A mí me dio una insolación o algo parecido a un ataque de ansiedad y me fui a la tercera canción de Robert Smith. No sé a quién se le ocurrió cambiar a REM por The Cure, visto desde la distancia parece una tontería enorme. Lo que queda de todo aquello es el recuerdo de Liam Gallagher escupiendo a las primeras filas.

La chica no estaba mal, tampoco, nos vimos medio año después pero yo ya estaba enamorado de otra.

lunes, 1 de noviembre de 2010

American Beauty



Jugaba con el esperpento, es decir, podía resultar genial y ridícula según la interpretación. Por ejemplo, la escena de la bolsa flotando y el monólogo del chico raro: "(...)Video's a poor excuse, I know. But it helps me remember... and I need to remember... Sometimes there's so much beauty in the world I feel like I can't take it, like my heart's going to cave in". A veces, hay tanta belleza en el mundo que siento que mi corazón va a derrumbarse. Me pasa a menudo.

La escena, en cuestión: ¿a ustedes, qué les parece? Para algunos era una obra maestra dentro de una obra maestra, para otros era una simple chorrada pretenciosa. Con 20 años tendía a pensar lo segundo; con 33, me inclino a algo parecido a lo primero. Lo más fácil con la película era acudir al tópico: es una devastadora crítica de la sociedad americana. Cada año estrenan cinco películas con ese tópico, deberían incluirlo dentro de los géneros: comedia, drama, musical, devastadora crítica... Huyo de lo general y me quedo en lo concreto. En la historia. En la enloquecida historia. En Kevin Spacey sirviendo hamburguesas y toda esa sucesión de personajes absolutamente perdidos y frágiles.

Tenía algo de película sobre peterpans.

Volvamos a Spacey: venía de "Sospechosos habituales". No sólo eso, era el puto Keiser Sozée en "Sospechosos habituales". Creo que he visto a pocos actores ganar dos Oscars de manera tan merecida en tan poco tiempo. Esta película para mí era Spacey y por supuesto era la muy inquietante Mena Suvari, cubierta de pétalos de rosas. La sonrisa de Mena Suvari. La sonrisa de la cheer-leader. El mundo de "American Beauty" es un mundo en el que uno puede dejar su trabajo, ponerse a servir hamburguesas y enamorarse locamente de una cheer-leader, aunque te acerques peligrosamente a los cincuenta.

No sé si ese mundo es un mundo americano. Por el título diría que sí, pero en realidad casi todo el cine se define por oposición o parentesco al modelo americano, así que me da igual. Mi equipo de baloncesto puso animadoras en un partido de presentación, allá por 1995, y la cosa acabó muy mal. Sin embargo, sé perfectamente lo que significa ser el quarterback del equipo, la cara de orgullo de tu padre cuando consigues un home-run o los nervios incontrolables cuando presientes que no vas a conseguir la chica que quieres para el baile de promoción.

Mena Suvari y sus miedos. La belleza americana opuesta a la belleza durmiente -Sleeping Beauty-. Esa concatenación de catástrofes del final y la bolsa de plástico dando vueltas en el aire sin ningún sentido. Tratando de dar sentido a lo que no tiene sentido. O deleitándose, sin más: hay tanta belleza en el mundo...

Puede que en el fondo la película fuera una cursilería y yo no esté mostrando aquí más que una debilidad, pero recuerden que soy un esteta, y en los 90 lo era mucho más, así que me temo que van a tener que disculparme de nuevo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Miguel Ángel Blanco


Recuerdo pasar la noche entera escuchando la SER. No tenían previsto un especial pero el especial se los llevó por delante. Era uno de esos programas de llamadas desoladas que se empezaban a poner de moda. No creo que fuera "Hablar por hablar" porque era un domingo y desde luego la chica no era Gemma Nierga. Sería cualquier otra cosa. Todas las llamadas eran sobre Miguel Ángel Blanco, deseando que se recuperara, dándole ánimos, pidiendo soluciones pero sobre todo mostrando cariño. Pocas veces hemos estado todos tan juntos, absolutamente todos.

Miguel Ángel no estaba muerto. Estaba en estado crítico en un hospital de Guipúzcoa. Nos lo recordaban los servicios informativos cada hora, junto a alguna declaración ad-hoc. Era nuestro Miguel Ángel, un chico que no llegaba a 30 años, hijo de inmigrantes gallegos, miembro de una banda de rock con una novia guapísima que no hacía más que derrumbarse. Todos se derrumbaban menos la hermana. Vivimos el ultimátum de 48 horas como nuestro ultimátum: las concentraciones del viernes, las manifestaciones del sábado, la larga espera del domingo por la mañana. Todos los presos de ETA tenían que estar en cárceles vascas a la hora de comer o el chico moriría. Matones de serie B.

Hablábamos de ello todo el rato. Yo lo hablaba con T., con mi madre, con mi abuela... no solo era indignación, era un punto de incredulidad, de decir: "Venga, es imposible, está todo el mundo en la calle, no pueden atreverse a matarlo". Pero se atrevieron. A eso de las 4 saltó la noticia: han encontrado un cuerpo con una bala en la cabeza en un bosque. Aten cabos. La última imagen de Miguel Ángel vivo es un Miguel Ángel entubado e inconsciente entrando en camilla. Una de esas imágenes furtivas que acaban pasando a la historia.



Pero no había muerto, aún no había muerto y pasaban los boletines horarios y la indignación -ahora sí, declarada- de las llamadas y la solidaridad por una vez de los nacionalistas, casi sin excepciones, y los gritos al viento de los no nacionalistas, hartos de funerales y de entierros y de tiros en la nuca. El programa se alargó todo lo que hizo falta. A eso de las 5 y algo, Miguel Ángel Blanco se murió. En parte, fue un alivio, pero desde luego fue una derrota. Una de esas cosas que aún trece años después te llenan los ojos de lágrimas de impotencia y rabia y te preguntas cómo es posible que nadie hiciera ninguna salvajada.

Diario 16 tituló "Hijos de puta". A mí me pareció algo incorrecto y poco periodístico, pero reflejaba bastante bien el pensamiento mayoritario. Bajé de la Sierra para ir solo a la manifestación de Madrid. Me asombra recordar cuánta gente iba sola, con la mirada ausente, sin saber muy bien qué esperar. Por supuesto, no esperábamos nada, absolutamente nada, quizá que los ertzainas se siguieran quitando los pasamontañas en señal de libertad o que los lehendakaris mantuvieran sus promesas de aislar por completo a los "violentos", el eufemismo preferido en el País Vasco. No esperábamos mucho más, pero pronto descubrimos que era demasiado: exactamente un año después, Arzalluz y Otegi, sonrientes, firmaban el Pacto de Lizarra.

miércoles, 13 de octubre de 2010

El tiburón/el venao



Uno no puede hablar de su postadolescencia noventera y obviar el "Caribe Mix" y sus sucedáneos de verano. Yo creo que con los años se han ido cargando el verano musical o más bien lo han ido colapsando de sexo explícito. Apenas hay sitio para las sutilezas y con "sutilezas" no me refiero a Georgie Dann hablando de atributos raciales sino a determinadas metáforas.

Veamos, la cosa empezó en 1995 con "El tiburón", de Proyecto Uno. A esa edad, yo iba a discotecas y aunque decía que iba a bailar, por supuesto la idea de "conseguirme una fresca" no me disgustaba en absoluto. El problema eran "los profesionales". En toda discoteca o en toda fiesta, en general, te acabas encontrando con "profesionales" del ligoteo que saben siempre lo que decir y lo que hacer y que se van a acabar llevando a tu chica porque se la merecen, simplemente son mejores. Revolotean por ahí, ves la aleta asomarse y sabes que la presa está perdida, mejor búscate otra zona de pesca.

Oh, my God, ese tiburón no es fácil...

Lo único realmente irritante de esa canción era el "No pares, sigue, sigue" que era un preludio del molestísimo "Follow the leader, leader, leader" de años después. Lo demás se lo perdono, incluso el "un poquito más suave/un poquito más duro" más que nada porque era todo un disparate y los disparates me encantan. Aunque, efectivamente, ahora que lo pienso, sutil era lo justo.



Visto el éxito de Proyecto Uno, al año siguiente, Wilfredo Vargas (y varios otros) lo intentaron con otro animal entrañable: "El venao". A mí el tipo me daba mucha pena. Igual que el tiburón era un vencedor prepotente, este hombre era de una ternura desoladora. El pobre hombre todo enamorado, cornudo y además apaleado. Todos los amigos allí detrás dejándoselo claro y él, don erre que erre, creyendo la explicación de la chica.

En Malasaña, fiestas del PCE, etcétera, la bailábamos como debía ser, llevándonos las manos a la cabeza y haciendo el gesto de los cuernos. Había algo cómico y a la vez trágico en la canción, incluyendo un castellano muy improbable. Al año siguiente esperábamos algo parecido: bailongo, real como la vida misma y con altas dosis de cinismo. Sin embargo nos encontramos a Raúl o algo así y ya nos vinimos abajo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Ay, qué calor



Veíamos porno codificado. Todos lo veíamos. Entornando los ojos o no, masturbándonos o no. Los recuerdos de mi primera película porno en Canal Plus ya en abierto son recuerdos de madrugada prohibida y baño recién pintado. Estábamos de obras en casa, yo dormía en el cuarto de la televisión. Las cadenas privadas nos habían golpeado directamente en el corazón: tetas y fútbol. Imaginábamos posturas -en los recreos se oían auténticas barbaridades sobre la anatomía femenina y el concepto de "vagina"- e imaginábamos goles en Atocha y Las Gaunas. Retiren la llave, decían, como si la realidad no existiera.

Recuerdo "Ay, qué calor" como uno de los primeros escándalos. Ahora sería un programa inocente, tan inocente que nadie lo vería. Ahora, cualquiera Lapiedra enseña las tetas en prime-time y anuncia su puticlub sin problemas pero en 1991 no era tan fácil. Hasta donde yo me acuerdo, "Ay, qué calor" era un concurso que copiaba la estética italiana: un presentador feo y una co-presentadora modelo, en este caso, Luis Cantero y la jovencísima Eva Pedraza. En medio, supongo que alguien quería ganar algo acertando preguntas o haciendo el ganso y unas muchachas probablemente también italianas cantaban "chin-chin, chin-chin, ven a jugar conmigo; chin-chin, chin-chin, seremos muy amigos", se abrían el corsé o lo que fuera y enseñaban su buen par de tetas latinas.

El sueño de Bigas Luna.

En fin, piensen en ello: teníamos 13 años y esas chicas nos decían esas cosas a nosotros los pajeros de noche. ¿Cómo no pensar que de mayores todo sería así? Te harías muy amigo de chicas semidesnudas dispuestas a enseñarte las tetas de la manera más gratuita del mundo y sin codificaciones de por medio. Aquello era una receta para la frustración post-adolescente, por supuesto, esos pechos jamás llegaron.

Uno se acuerda de la televisión de los 80 y le parece un paraíso de la cultura y el entrenimiento intelectual porque existió la televisión de los 90. Sin la televisión de los 90 como elemento de comparación todo ese rollo "qué-buena-era-la-bola-de-cristal-y-cuánto-aprendían-los-niños" quedaría en nada. De hecho, visto en perspectiva, la televisión de antes de las Mamaciccio, las chicas Chin-chin, José Luis Moreno, los focos derruidos y los trajes rancios de Antena 3 TV y las rayas prometedoras de Canal Plus, sería irreconocible para cualquier chaval que ahora tenga 15-20 años.

Como para nosotros los seriales radiofónicos. Un enorme anacronismo. Incluso esa actitud tan cordial de los pibones primonoventeros les resultará sospechosa. Ahora las modelos son estatuas desafiantes e inalcanzables. Everything is broken. Everyone is broken. Why can´t you forget?

lunes, 4 de octubre de 2010

Hole- Live through this



"Live through this", de Hole, fue un disco a la vez oportunista y desgraciado. Oportunista porque salió a la venta días después del suicidio de Kurt Cobain y demasiada gente vio una relación causa-efecto que, efectivamente, pudo provocar un aumento de ventas, pero a la vez tapó por completo la calidad del disco y sus canciones, el talento compositor de Courtney Love, su energía, su rabia...

Yo, que viví el grunge de una manera apasionada a mis 16-17-18 años, siempre pensé que aquel disco era el mejor de todos. Lo sigo pensando. Por supuesto, la carrera en global de Nirvana es superior, Pearl Jam tiene unas cuantas buenas canciones, Sonic Youth abrieron caminos, Soundgarden hizo "Black Hole Sun", que era algo más que un himno, los Stone Temple Pilots nos enredaron en la vaselina, Alice in Chains nos recordaron los 70 y así sucesivamente... pero como disco y como expresión de rabia, "Live through this" me parece incomparable.

Eso nos lleva a la figura de Courtney Love. Difícil de analizar. Se la comparó a menudo con Yoko Ono por razones obvias: temperamento complicado, demasiado control sobre su genial marido, cierto morbo al utilizar al difunto en beneficio propio... pero Yoko Ono no tenía ni la mitad del talento de Courtney. Es una auténtica pena que todo el mundo se fijara en la viuda y nadie en la cantante. Es una pena que la propia cantante se empeñara en asumir el papel de viuda mártir y luego viuda alegre.

No hubo un antes ni un después de "Live through this", eso también es cierto. Quiero decir, no sé si tiene sentido hablar de Hole como grupo o si basta con hablar de este disco. Por supuesto, sé que en 1990 -antes de conocer a Kurt Cobain o justo mientras le conocía- sacaron "Pretty on the inside", pero aquel disco es una excusa punk para llegar a la última canción: un minuto y medio desgarrador que repite slut kiss girl won´t you promise her a smack, is she pretty on the inside, is she pretty from the back? y después el obsesivo mantra there is no power like my pretty power. Probablemente sea una de las mejores canciones de un minuto y medio de la historia.



Pero "Pretty on the inside" era demasiado sucio, demasiado punk. Lo que diferenciaba el grunge del punk era el paso por el pop. El grunge era un punk triste, rabioso, brutal... pero con un punto elegante y sofisticado. "Pretty" no tenía nada de sofisticación, desde luego, igual que "Celebrity Skin" no tenía nada de rabioso ni de brutal y todo era asquerosamente artificial, pero claro, ya eran tiempos de power pop y se tenía que notar.

Hace mucho que no se sabe nada de Courtney Love. Lo último que vi de ella fue un capítulo de Muchachada Nui y dudo que la información fuera muy fiable (guiño, guiño). Creo que todo el mundo debería revisar "Live through this" ahora que nadie se acuerda de quién fue viuda de quién y podemos escuchar con los oídos más limpios. Todas las canciones son buenas. Algunas son magistrales. Las letras son de lo mejor que se ha escuchado en años.

Might last a day, might be forever...